lunes, noviembre 13, 2006

Ruta de Moral de Calatrava



MTB IMPOSSIBLE I . . . . . . . . . . . . . . . . . . . MORAL DE CALATRAVA
Domingo, 5 de noviembre de 2006.
Hora: 7,00 AM
Lugar: Campo de Criptana
Misión: Realizar la Ruta “Peñalba al Límite” de Moral de Calatrava de la manera más honrosa y digna posible.
Integrantes: 11 Miembros de elite del Mountain Bike manchego. ( Felipe, Evelio, José María, Javi, Juanjo, Manolo, Juanchu, Rafa, Esteban, Diego, y Juan).
Distancia: 58 Kms.
Armas: 11 máquinas devora kilómetros, ilusión, ganas, coraje, valor, dudas, miedo, “acojone”, cachondeo, risas, chistes y una máquina de fotos que será testigo de nuestra aventura.
Desarrollo de la misión:
La víspera del Día D, estuvo lloviendo como si no lo hubiera hecho en mucho tiempo (la verdad, es que hacía mucho tiempo que no llovía tanto), lo cual nos dejó el gusanillo de la retirada en el cuerpo, pero, tras consultas varias entre los integrantes y haciendo un análisis frío y calculador de la situación, tomamos la determinación que íbamos sí o sí, con 2 c..... aunque cayeran chuzos de punta, y nos tuviéramos que volver.
Así que ahí estábamos el Día D y la Hora H, todos los integrantes del equipo con ánimo renovado ante el amanecer que nos esperaba y con las ganas de empezar cuanto antes (es un decir) la ruta que teníamos marcada.
Tras un viaje sin incidentes, nos enfrentamos a las primeras nubes y las primeras sierras, justo a la entrada de Moral de Calatrava, eso nos lleva a las primeras impresiones: “nos vamos a mojar”, “como haya que subir por ahí nos volvemos”, “que negro se está poniendo”, “si esos picos no los suben ni las cabras”, y otras lindezas con adjetivos que no se pueden reproducir.
Pero bueno, ya que estábamos allí, pues nada, a buscar el Parque de San Roque, que es donde se inicia la ruta.
Primer Objetivo ¡¡CONSEGUIDO!! Hemos llegado a tiempo, para inscribirnos y recoger los dorsales, a las 8,30 h. aparcamos como unos señores justo en mitad del parque y se produce el desembarco de nuestros efectivos, dejando a todos con la boca abierta ante el despliegue de tecnología y efectivos que nos acompaña, y sobre todo, porque no se podía pasar con los vehículos al parque, pero mira.... siempre hay clases.
Y lloviendo, reparto de dorsales del 70 al 80 ambos incluidos, y lloviendo, se entregan las fichas de inscripción y los eurillos de la misma, y lloviendo, usamos las furgonetas como vestuario para ponernos nuestro uniforme de guerra, y lloviendo, sacamos (que remedio) las furgonetas del parque para aparcarlas bien hasta nuestra vuelta, y lloviendo, y cuando todos estamos ya preparados, tomamos la primera instantánea que refleja la tensión del momento, porque estaba lloviendo y nos íbamos a poner como una sopa, claro.

Hasta que por megafonía comunican la Salida de la I Ruta “Peñalba al Límite” de Moral de Calatrava, y nos ponemos en marcha. Total, 93 participantes entre los que nos camuflamos enseguida para pasar desapercibidos.
Segundo Objetivo ¡¡CONSEGUIDO!! Vamos a participar todos y ha dejado de llover, parece mentira, pero hasta puede que salga el sol dentro de poco, así que iniciamos los primeros metros de la ruta, y ..... ¡¡ZAAAAAS!! Primer pinchazo a los 300 metros de la salida, ¿llamamos a los del Record Guinnes, porque esto no es normal? Porque vamos, ni aposta nos sale esto así. Se corre la voz entre los miembros del grupo y nos quedamos, el pinchado (Evelio) por supuesto, Juanjo, Esteban, Rafa, Juanchu y Manolo (o sea, yo) para arreglar y acompañar al pinchazo, porque los demás siguen su marcha, y de la furgoneta de la asistencia ni rastro. Tras los primeros nervios de la organización, y comprobar que los magníficos walkies que se han comprado para la ruta, no sirven para nada, nos toca, poner plato grande y adelantar el terreno perdido para pillar al resto del grupo, menos mal que los primeros kilómetros son de nuestra especialidad, es decir, llano, llano, llano, con charcos, barro, y suelo mojado, pero vamos, que nos ponemos a tirar como bestias para pillarlos y nos chupamos los primeros 10 kilómetros a una velocidad de 30 Km/h. más o menos, acompañados por 3 ó 4 integrantes de la organización, pero que tiran más todavía, porque hay que poner “ritmillo”, al final, enlazamos con el grueso del pelotón (en sentido figurado) sobre el kilómetro 14, y seguimos llaneando para calentar las piernas, una vez perfectamente integrados seguimos con nuestra misión de pasar desapercibidos, y esta vez sí, lo conseguimos, nos dispersamos, e iniciamos contactos con otros bikers, a los que comentamos tanto nuestros éxitos (que terminamos pronto) como nuestras ilusiones (arrasar a nivel nacional en todas las cicloturistas, ser la admiración y la envidia de los demás, tener 500 miembros en el club…en fin, cosas sencillas) y otros temas, en ese momento nos volvemos hacia el pueblo, entrando por caminos anchos y bien arreglados, pero que tras un giro a derechas, nos dirigimos ¡¡HORROR!! a las famosas sierras que hemos visto cuando llegábamos y que como todos nos temíamos, íbamos a subir irremediablemente.
Lo que en principio era un camino ancho, buen firme, sin charcos y sin demasiada pendiente, como por arte de magia, se transforma en una senda que espantaría a la cabra más loca del rebaño, se empieza a estrechar, aunque, eso sí, en todo momento, tiene sus 2 senditas paralelas con vegetación intermedia, la tierra se convierte en piedra, y el llano termina siendo una cuesta como Dios manda, así durante 5 kilómetros, en los cuales, como el lector habrá supuesto correctamente, el pelotón se va estiraaaaando, y lo que antes era un nutrido grupo de bikers ahora va pareciéndose más a un desfile procesional multicolor, tanto porque se marcha en fila india, como por la velocidad (es un decir) del ascenso. Pues nada, piedra suelta, buscando evitar los llantazos, moviendo los cuernos (con perdón) para esquivar baches, rocas, pasos complicados, y a algún compañero que se le atraganta la subida, así, hasta que llegamos al PRIMER AVITUALLAMIENTO, en el kilómetro 25, en un pequeño descanso que hay entre tanta sierra, hay que reconocer, que en ese momento, nos viene de maravilla, parar, dejar la bici amontonada (como se puede ver en la foto) y lanzarnos sobre el camión de las provisiones que la organización había preparado, es obligatorio señalar la buena disposición del Club de Moral de Calatrava, tratándonos de manera perfecta, y sobre todo disponer de una cantidad ingente de aprovisionamientos tanto líquidos como sólidos, que hizo que alguno se le atravesara la comida a la hora de volver a ensillar la burra.
¡¡Hala!! Nos vamos de nuevo, retomamos el camino donde lo dejamos (obviamente), y otra vez a dar pedales como si no costara, para seguir subiendo la dichosa sierra otro par de kilómetros, por fín, giro a la izquierda y dejamos de lado la sierra para entrar en un terreno más llevadero, así que llanos, repechos, pequeños descensos, y charcos de todos los tamaños, grandes, pequeños, medianos, que hace que la ruta parezca más un ciclo cross, que una ruta cicloturista, pero bueno, una vez que te mojas y te empapas en el primero, los demás dejan de tener su misterio, y hasta le coges gustillo, así que, descubrimos que tenemos bicicletas anfibias, porque algunos charcos, o pasas conteniendo la respiración o te ahogas, y salvo un par de sustos, con piscinazo de Diego incluido, transcurre la ruta sin demasiado sufrimiento, todos en grupo, hablando, comentando con la gente lo bonito del paisaje, que si hace buen tiempo, que si tal que si cual, en fin, lo normal en estas circunstancias..... hasta que de pronto, y como lo bueno si es breve, 2 veces bueno (o eso dicen), el caminito otra vez se vuelve a poner serio, ya no hay tanto charco y sí hay más piedra, lo que hace que se endurezca el perfil y otra vez a ascender otra sierra (claro, si hay un montón alrededor nuestro) y aunque esta vez la pendiente no es muy pronunciada, sí que es duradera, nos tiramos subiendo alrededor de 5 kilómetros, pero eso sí, esta vez los caminos están fenomenal y no es tan técnica como la primera subida, aquí es cuestión de quitar o poner piñones, y ¡venga! Cada uno a su ritmo, pero sin parar, la verdad que en esos momentos, cuando miras hacia arriba y ves que la subida parece que no se acaba nunca, es cuando te acuerdas del momento de recoger los dorsales (que estaba lloviendo, por si no lo sabias) y piensas: “¡Dios mío!, ¿que he hecho yo para merecer esto?”, pero bueno, como todos sabemos que en el pecado va la penitencia, pues te animas tu solo, pensando que si Dios tuviera en cuenta todo lo que has hecho, seguramente te tirabas el resto de tu vida subiendo cuestas, así que, pones otro piñón más pequeño y aceleras el ritmo, a ver si pillas al que llevas 20 metros delante, pero que no se deja coger, porque, claro, él va pensando lo mismo que tú y también pone otro piñón y también acelera y te sigue sacando los 20 metros con los que empezasteis a subir.
De repente, parece que te han vuelto las fuerzas, te sientes más ligero, has sacado energía de donde no tenías, y cuando levantas la cabeza del manillar, te das cuenta, que no, que sigues hecho polvo, pero que al menos, la cuesta se ha terminado y ya estás en un terreno más equilibrado que antes, miras un poco hacia atrás y ves que aún queda gente subiendo tras de ti, y dices, “¡bah! Tampoco era tan grande la p... cuesta”, metes plato, y empiezas a bajar como si te fuera la vida en ello, claro, hay que recuperar lo que se ha perdido en la subida, que el crono no para, y los puntos por equipo están muy caros (ja,ja,ja), así que desde el kilómetro 37/38 que se pasa por el Alto de la Dehesa, tienes 2/3 kilómetros de bajada que pasan a velocidades dignas de un ciclomotor, (40/50 Km./h), el trazado es muy bueno para lanzarse, el camino está estupendo para bajar y como tienes una confianza ciega en tu ángel de la guardia, pues te lías a bajar como si el camino fuera un slalom gigante y sin pensar lo que pasaría si se te cruza una perdiz en esos momentos.
Estamos en el kilómetro 40 de nuestra ruta, aquí hay un reagrupamiento, después de la paliza que nos ha dejado la sierra de Peñalba, porque tenemos que cruzar y ciclar unos kilómetros por la Carretera de Moral a Manzanares, donde disfrutamos de unos momentos de relax, asueto y descanso esperando a los que siguen “gozando” de las espléndidas vistas y paisajes de la dichosa sierra y que aún no han llegado, aprovechamos para hacer más fotos, reponer un poco las fuerzas y decir las tonterías que aún nos quedan dentro del cuerpo.

Tras este pequeño descanso, y con compañía de la policia local, bajamos por la carretera un par de kilómetros, hasta que volvemos a coger un camino, esta vez de peor firme, aunque no muy exigente, y que nos va a llevar al Segundo Avituallamiento, es decir, pensábamos que lo peor ya había pasado, km. 40, el avituallamiento en el 45 y una par de kilómetros por carretera, poco puede ser lo que nos hagan sufrir, pero, como siempre, la realidad supera a la ficción, y el camino poco exigente se va transformando en una pequeña cuesta, y con el paso de los metros termina convirtiéndose en un CUESTÓN de 3 pares de c... , bien es verdad, que antes tiene un pequeño descenso que te permite coger impulso, pero, ¡ilusos!, eso hace que aún parezca más duro de lo que es, porque ves a lo lejos que estás más o menos en la misma cota de altitud que el final de la cuesta, pero entre medias tienes un descenso de unos 200 metros, y que el final de ese descenso es el comienzo de la cuesta enorme que tenemos delante y en cuya cima, los retorcidos de la organización han puesto el otro avituallamiento, es decir, han pensado: “¿Queréis comer? ¡Pues la comida cuesta! ¡¡¡Y aquí vais a empezar a pagarla!!!” Pues nada, a aprovechar la ley de la gravedad, y puesto que por aquí el camino está muy bien, plato grande, piñón pequeño y a tumba abierta hasta el final, claro, ya he comentado que el cambio de perfil es brutal, y pasa lo que pasa, que si no andas muy espabilado cambiando el plato, cuando te das cuenta estás patas arriba porque se te ha salido la cadena al cambiar demasiado tarde y pegar un trancazo al cambio cuando ya estás subiendo la cuestecita de marras (¿verdad Rafa?), pues eso, que la dichosa cuesta se atraganta como un polvorón en el desierto y sin agua, menos mal que sólo son 400 ó 500 metros, y para cuando te quieres terminar de morir, ya la has subido y se empieza a llanear por la cima de esa sierra, donde esta vez sí, se llega al SEGUNDO AVITUALLAMIENTO. Allí, como en el anterior, el camión de las provisiones y toda la organización a nuestra disposición, con el fin de recuperar fuerzas (las pocas que quedan), porque claro, los muy ladinos, nos han dejado otro tramo de cuesta para después, justo cuando se sale con el estomago lleno, y una vez hablado, reido, reanimados, reagrupados y demás verbos que terminan en ...ado, nos hicimos las fotos oficiales del grupo, además de las propias de nuestro club.

Y tras este pequeño receso, reiniciamos la marcha con la ultima subida que nos quedaba, también en la sierra junto a los modernos molinos de viento, y que tras el ascenso (350 mtrs.) comenzaba otro descenso a tumba abierta, tan emocionante o más que el anterior, puesto que aquí estabamos más agrupados y había que llevar mil ojos para esquivar baches, compañeros, curvas, etc. (¿verdad Juanchu?) no fuera a ser, que ahora que estábamos terminando, alguno se bajara de la bici de forma poco ortodoxa y fuera pasto de los buitres.
Con el final del descenso, volvíamos a reagruparnos para cruzar la carretera de Almagro, y esta vez, ya la dirección era de vuelta hacia la población, entrando por un camino paralelo a la citada carretera, y que nos hacía entrar en la localidad, después de 58 kilómetros, 4 horas (aproximadamente) y una mañana de mountain bike llena de satisfacciones, risas, sufrimiento, compañerismo, naturaleza y sobre todo, ganas de volver a repetir algo parecido dentro de poco.
Cabe destacar que el fin de la etapa se llevó a cabo con una fantástica comida de grupo, en la cual, se volvió a repetir el buen ambiente que imperó durante la ruta, y con la entrega de trofeos y el sorteo de premios, los cuales recayeron en su mayoría en los miembros de nuestro club, con el detalle a continuación:
Trofeo al Club mas numeroso: MTB GIGANTES (11 participantes).
Trofeo al participante más veterano: Felipe (53 años) del Club MTB GIGANTES.
Regalos: 2 pulsómetros, 1 camelback, 1 sudadera, 1 par de guantes. Para miembros del Club MTB GIGANTES.
Desde aquí, queremos agradecer a la organización de la I Ruta Peñalba al Límite, tanto la excelente atención que nos dispensaron, como la belleza y calidad de la ruta diseñada, en su justa medida de dureza y facilidad para llevarla a cabo con el ritmo adecuado, así como saludar a los componentes de los otros clubes que formaron parte de la misma, rogándoles nos disculpen si se nos queda alguno sin nombrar (Bike-Sol de La Solana, Los Abrojos de Bolaños, Casco Locos de Miguel Turra, BTT Valdepeñas, Club Ciclista Moral de Calatrava, Rualfe de Tomelloso).

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Sigues pensando que es una ruta de "juguete"? La terminasteis "sobraos"?

Lo pregunto por lo del primer post...

El "Presi" dijo...

No a lo primero y Sí a lo segundo.
Me explico, me/nos pareció fantástica, y creo que tanto los comentarios como el texto lo detalla bastante bien. Pero, sí, terminamos "sobraos" la mayoría, alguno es verdad, que tuvo un mal día, pero en general, le podríamos haber dado 2 vueltas, je,je,je... (o una y media, que tampoco hay que pasarse)